martes, 18 de agosto de 2015

Educación: ¿labor de padres o de profesores?

Es evidente el cambio social que ha provocado la crisis iniciada en el 2007. Esta crisis no solo ha afectado a la educación económicamente, también ha sido una crisis del alumnado, decepcionado por no conseguir fruto alguno tras tantos esfuerzos. Cada vez hay más obstáculos para el estudiante, el acceso a la cultura es todo un lujo que pocos se pueden permitir. Y la realidad es que hoy en día es más fácil acceder a la delincuencia y a los malos hábitos que a comprar un simple libro. En barrios donde los recursos económicos son más escasos, la droga y la delincuencia es algo evidente pero no se toman los medios suficientes para erradicarlas, mientras que el fomento de la cultura y del saber siempre han estado en un segundo plano. Un estudiante de educación secundaria obligatoria ha podido observar durante esta pésima etapa económica como adultos con formación universitaria, títulos, idiomas y demás acaban en el paro o tienen que emigrar dejando todos sus recuerdos y sus familias en un país frustrado, mientras que aquellos que viven en condiciones estables son los que estafan a hacienda, son delincuentes o realizan actividades no permitidas por la ley.

Ésta es la causa de la desgana de muchos jóvenes por estudiar, ven salida a actividades que pueden abastecer sus necesidades económicas en un momento dado pero no van a aportarles nada en el futuro. Así, encontramos personas que han acabado en un callejón sin salida, sin formación suficiente para trabajar y sin el convencimiento para iniciar el aprendizaje de un nuevo oficio. El saber es algo que ha perdido valor. La pregunta "qué quieres ser de mayor" ya no recibe respuesta por parte de los niños, no encuentran un modelo a seguir.

La labor de inculcar la educación y la cultura es una patata caliente que se pasan profesores y padres y que, finalmente, ninguno ejerce. Así, solo conseguimos que las próximas generaciones sean de gente sin aspiraciones ni ganas de aprender, conformes con un trabajo mal pagado y sin uno de los derechos fundamentales: una vivienda. Tanto en casa como en la escuela debe estar presente una serie de valores mucho más importantes que el texto de un libro. Los cimientos de una buena educación se basan en la inquietud por adquirirla, un niño que no quiere aprender nunca va a hacerlo, y ni en casa ni en la escuela se enseña a querer aprender.

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