viernes, 14 de agosto de 2015

El mester de clerecía: Gonzalo de Berceo

El mester de clerecía es la forma más culta de hacer literatura de los siglos XII y XIV castellanos. Los siglos XII y XIII son considerados como los siglos de oro de la escolástica. Es la etapa de esplendor de la teología, cuya obra más famosa es la suma teórica de Santo Tomás de Aquino. Después de las invasiones bárbaras los focos culturales quedaron polarizados en torno a las catedrales. Por ello, es el clero regular, el que vivía en los monasterios el que se convertiría en el poder cultural. La finalidad didáctica será la nota fundamental; se servirán de obras religiosas antiguas en su intención de moralizar al pueblo. En contraste con el mester de juglaría, cuyas composiciones eran creadas para ser cantadas, las composiciones del mester de clerecía eran compuestas para ser leídas. El contenido es puramente religioso, hay preferencia por los motivos de la naturaleza, vida de santos, etc. También abarcarán asuntos clásicos. El lenguaje tendrá un carácter artístico, aunque utilizaran un vocabulario claro debido a su finalidad didáctica. El empleo de la cuaderna vía revela el carácter culto de las obras. Se produjo una expansión de la cultura que hizo necesaria la elaboración de más copias de los textos.

Una de las figuras más importante del mester de clerecía es Gonzalo de Berceo. Tenemos muy pocos datos sobre su vida, y la mayor parte de los que conservamos proceden de su propia obra. Nació en un pueblo de La Rioja y se educó en el monasterio benedictino de San Millan de Suso. También se le ha relacionado con el monasterio de Santo Domingo de Silos.

Según los documentos notariales encontrados en San Millán, hubo de nacer en 1195. El hecho de que el mismo se denominase "maestro" puede deberse a que era "maestro en teología y confesor" , o quizás también por su título universitario. No podemos precisar la fecha en la que murió, pero sabemos que fue tras el reinado de Fernando III, ya que en un pasaje de los Milagros habla sobre su reinado.

Berceo insiste en su intención de escribir en román paladino, que justifica por sus “escasos conocimientos del latín”. Sin embargo, está claro que se debe a su deseo de que lo entiendan todos. Un rasgo fundamental de su obra es la presencia casi física del poeta que ocupa siempre un primer plano. Berceo se mete dentro del relato, siente con los personajes, vive sus problemas...

Podemos decir que su obra cumbre es Milagros de Nuestra Señora. En ella encontramos un protagonista caracterizado como un modelo a seguir, sus parientes quieren que se case pero el no quiere, y muy a su pesar, acaba aceptando las peticiones de sus familiares y contrayendo matrimonio. La noche de boda se escapa y reza a la virgen, quien le reprocha que se haya casado con otra cuando estaba ligado a ella. Quiere advertir al público que después de Dios, existe la virgen que castiga si no se actúa debidamente. Deja a la luz la ideología política y religiosa, que pretende controlar a las personas a través de la religión.

La obra está compuesta por una introducción alegórica y un corpus de 25 milagros. La mayoría de ellos son reelaboraciones del manuscrito latino Thott 128, excepto el primero y el último, que son españoles. Se cree que Gonzalo de Berceo añadió estos milagros como broche final, dejando presente el espíritu patriótico. Otras teorías al respecto exponen que la razón de incluir estos dos milagros fue para sumar un total de 25 milagros, el cuadrado del número ligado a la virgen: el cinco. 

La virgen es la protagonista de todos los milagros. La caracterización de ésta presenta muchos detalles ajenos a su condición celestial. Vemos en ella las debilidades propias del ser humano. Si se trata de favorecer a un devoto, puede llegar incluso a la crueldad con sus enemigos, en realidad, solo se muestra compasiva con los suyos. Cuando alguno de sus devotos se va a casar, se muestra celosa como cualquier mujer de a pie. La  virgen no se presenta como un modelo para ser imitado, como hace Berceo con otros santos en otras obras.

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