miércoles, 5 de agosto de 2015

Hoy no necesito títulos

Noche de verano, calurosa como muchas otras noches sevillanas. Llega el mejor momento del día, cuando apagas el móvil y reflexionas sobre el día que ha pasado. Llego a casa con ganas de escribir, con la suficiente confianza en mí misma, la que he sacado yo sola de lo más profundo de mí. Echo un vistazo a mis textos favoritos, me empapo con los versos de mis autores preferidos y le doy rienda suelta a mi mente.

No son días fáciles, pero en pocas ocasiones lo son. Se hacen escuchar discusiones en estéreo, entre el ojo patio y el balcón. Enciendo la televisión y encuentro un documental sobre la delincuencia y la actuación del Cuerpo Nacional de la Policía. Hoy parece difícil reposar pensamientos positivos sobre la almohada.

Enciendo mi discreto ultrabook de color rosa Barbie y miro una y otra vez las entradas del blog. No son todo lo buenas que quisiera, pocas veces he hecho públicos mis trabajos. Quizás sea por vergüenza o porque siempre he pensado que no eran suficientemente buenos. El blog aún no tiene forma, no está definido. Solo aparecen seis entradas con temas desordenados. ¿De qué trata el blog? De lo que tú quieras. De ti, de mí, de todo. ¿Para qué sirve? Para nada y para todo. Puede que a ti, lector, te complazca leer mis notas, a mí me satisface crear y es una buena forma de comenzar para poder dedicarme a ello cuanto antes mejor. No es a lo único que me quiero dedicar, mi vida está tan definida y ordenada como este blog. Pero aún es temprano para elegir, es momento de aprender, y para aprender hay que hacer: "Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí" (Xun Zi).

A veces la “mano negra” somos nosotros mismos y nuestros miedos. No se puede querer hacer el trabajo perfecto desde el principio como lo puede hacer alguien con cuarenta años de experiencia. No puedo llegar a ser una Rosa Montero en dos días. La magnitud de las ambiciones es tan amplia como la frustración al no conseguir lo deseado. 

Reduzco la marcha y pienso: poco a poco.


Lo que sí sé es que a escribir se aprende escribiendo.

1 comentario:

  1. Ya lo decía Machado, "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". A mí me gusta lo que escribes y cómo lo escribes. Al final todo consiste en que te guste lo que hagas.

    Un saludo //

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