viernes, 7 de agosto de 2015

Literatura medieval

Hoy me gustaría hablaros sobre la literatura en la Edad Media, cuyo nombre nació en la mente de los humanistas del Renacimiento dándole un carácter negativo. Se la denominaba "media" por estar entre dos etapas perfectamente definidas: la antigüedad clásica y la Edad Moderna. Comienza con la llegada de los pueblos germanos al Imperio Romano, en el siglo V d.C. y finales del siglo XV.

La Edad Media comprende el periodo literario más largo de la historia. Los historiadores han hecho una distinción diferenciando entre las obras de transmisión oral y las de carácter escrito.  Las de tradición oral están compuestas por jarchas, canciones recogidas en el siglo XVI, romances, cantares épicos y el mester de juglaría. Las escritas acostumbran a dividirse entre obras en prosa y obras en verso. El teatro se trata independientemente.

A ojos del hombre renacentista la Edad Media fue una época de tinieblas. Faltó la cultura que admiraban en los antiguo y en sus contemporáneos. Más tarde, el romanticismo puso de moda la literatura medieval por las mismas razones que los humanistas la rechazaron. Creían que era la época de lo irracional, natural y no cultivado.

Hasta el siglo XI no encontramos ninguna muestra de la literatura castellana. Cabe la posibilidad de que antes existiera una literatura oral no conservada. El primer testimonio que tenemos es una cancioncilla mozárabe incluida en una moaxaja llamadas jarchas. Hasta entonces la literatura se había creado en las lenguas de cultura, pero en el caso del español tienen especial relieve la literatura árabe y hebrea.

Dejando a un lado las jarchas, los textos más antiguos conservados pertenecen al área galorrománica. En primer lugar la Chançon de Roland, fechada en el siglo XI, y posteriormente los poemas de Guillermo de Aquitania en el siglo XII. También se dan fechas similares a la literatura galaicoportuguesa.

En cuanto a la épica, el primer testimonio encontrado es El Cantar de Mio Cid. No se trata de la primera obra de ese género, debieron precederle muchas de las que solo nos quedan vestigios.

La religión tuvo un papel central en la vida del hombre medieval. De hecho, las mayores construcciones eran catedrales e iglesias. Muchos de los ritos paganos antiguos se cristianizaron, como por ejemplo muchas festividades y romerías. Estas romerías eran ocasión para la promiscuidad y las autoridades eclesiásticas no tardaron en tomar cartas en el asunto. La clerecía abordaba el poder político, económico y cultural. Tempranamente vemos como la figura del clérigo y el hombre de letras se funden en uno.  Esta supremacía de la religión y al teocentrismo tuvo como consecuencia la inmovilidad social. El orden era el establecido porque era el que Dios había impuesto a los hombres. Esta ideología dificultó la evolución. Por lo tanto en la baja Edad Media observamos una economía de subsistencia organizada en los núcleos rurales, pero en la alta Edad Media surge una nueva clase social estructurada en las ciudades: la burguesía. Esta parte de la población controlará en dinero y el poder. No era una clase querida entre la sociedad ya que la mayor parte eran judíos a los que se les detestaba por su hermetismo y por dedicarse al prestamismo. En el medievo no era ético guardar el dinero, y esto dio lugar a serios conflictos sociales, ya que instigaban el rechazo entre el pueblo llano argumentando que la culpa de las precarias condiciones de vida que sufrían se debía a la actuación de los judíos como clase pudiente.

Por otro lado en la nobleza residía el poder de las armas. Hubo ocasiones en las que se encontraba en un status mayor al de la monarquía económicamente. El noble había de ganarse el favor del rey, el rey contribuía económicamente con la aristocracia a cambio de la actividad bélica. En el Cantar de Mio Cid observamos como se rompe esa inmovilidad social al participar en batallas para el monarca.  Mayormente los nobles eran los señores de feudos en los que trabajaban vasallos que recibían el amparo y beneficium (tierras) de su señor feudal. Dentro de la monarquía hubo grandes monarcas que promovieron la creación de universidades y escuelas de traducción.

El tercer estamento o pueblo llano estaba formado por mercaderes y ruanos, era el escaño más bajo de la sociedad. Los pensadores del medievo hicieron una división social: oratores (clérigos), bellatores (guerreros) y laboratores (trabajadores).

Las literaturas románicas debieron desarrollarse entre el pueblo iletrado, de ahí su carácter oral. Así, de las jarchas solo tenemos muestra hasta el siglo X, pero de la lírica castellana popular no encontramos nada hasta finales del siglo XV. La teoría tradicionalista, defendida por Menéndez Pidal expone que esos textos han sido reelaborados hasta que un autor letrado les ha dado su forma escrita final. Los autores del momento solo aspiraban al solaz del momento de satisfacer fugazmente las apetencias del público. Esto explica la difícil conservación y la gran cantidad de textos anónimos que conservamos. Así, observamos como en los poemas juglarescos se hace una constante apelación al receptor para llamar su atención y el público estaba presto a mostrar su agrado o desagrado.
-          La importancia del libro es grande si atendemos a su conservación, pero es menor en lo relativo a su difusión. Las bibliotecas estaban situadas en universidades y conventos donde se consultaban in situ. El sistema era todo lo ágil que podía en una época en la que las copias eran muy caras. La fijación por escrito del texto no atendía a su difusión, sino a la conservación de este. La mayor parte de las obras creadas para ser guardadas eran de carácter teólogico y filosófico. Según Menéndez Pidal la anonimia de muchas obras se debe a que eran el resultado de múltiples creaciones individuales. El sentimiento de autoría y de originalidad no era relevante en la Edad Media. Sin embargo, autores como don Juan Manuel se preocuparon, sin éxito, de la transmisión de su obra.
      
     El papel del juglar tuvo gran importancia en la literatura medieval. Eran profesionales que recreaban canciones ante su público. El juglar se valía de un texto que era más parecido a unos apuntes sobre los que iba improvisando, su creación era esencialmente oral. No debemos confundirlos con los trovadores provenzales. Vivían de los que  ganaban recitando, ellos mismos pedían el patronazgo de su público. Los clérigos que imitaban la labor de los juglares en el atrio de la iglesia eran llamados goliardos, una especie de clérigo ajuglarado.

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