martes, 4 de agosto de 2015

Yo, mi pájaro azul

Llevo encerrado 20 años en esta jaula mugrienta. Un sitio angosto y asfixiante. Solo satisface el entorno cuando irrumpe aquello que me alimenta y me da vida. Líneas y líneas.

Si la memoria no me falla, nací aquí. Vivo solo en esta jaula que . La estancia es cuando las letras dominaban la jaula. El azul relucía, brillaba su resplandor e iluminaba cada ángulo de mi cárcel de amor. Un manantial de letras lo inundaba. Pero cuando éstas no regaban con páginas y versos, y no bebía de aquella fuente del saber, el azul se apagaba.  Perdía el color, como un monstruo gris y feo. Pero en el inframundo de esta prisión, donde yacen las letras dormidas, quise cantarlas una a una. Y volvió el azul. No solo era el deleite exterior de las frases lo que revivía la llama, también afloraban dentro aquello que me alimenta el alma. De modo, que seguí cantando el fruto encontrado entre estos fríos hierros que, cuando no dejaban traspasar nota a nota llegaba la neurosis. Ese dique que impedía mi canto provocaba un estado que, aunque no era agradable para nadie, no impedía la felicidad.

Y aquí sigo, entonando mi canto, esperando el día en que el muro formado por el pánico se desvanezca y mi canto retumbe hasta el infinito. Anhelando la libertad de las letras, el desborde del azul por el mundo, el arte altamente inflamable en los corazones de cientos de pájaros azules encerrados en sus cárceles.

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